Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín

oliviaemilio Alumnos y profesores del curso de Preparación para las pruebas de la RESAD, pudimos asistir el pasado sábado a la representación de Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín. Obra lorquiana que ha llevado a las tabla de la Abadia la compañía de teatro Metatarso.

   Dirigida por Darío Facal y versionada por Alberto Conejero, se presenta una obra entre lírica y grotesca, no pudiendo ser, de este modo, más fiel a la estética de su autor: García Lorca.

   El público se encuentra, ya mientras se acomoda en sus butacas, una escenografía con diferentes espacios, todos ellos con un toque importante de surrealismo. Además, un joven sentado en su escritorio sonríe y reacciona a la entrada del público. Empieza la obra con un prefacio del joven, El Poeta, quien pone en antecedentes la obra, nos habla de su contexto. Más tarde, interrumpirá en diferentes ocasiones para introducir poemas del autor externos a la obra.

  Desde el principio se vislumbra la estética lírica, a través del propio texto dramático y de los versos que van apareciendo así como la estética grotesca. Y esta última la podemos observar ya desde que conocemos el reparto. No es casual las distintas fisionomías de los actores que recuerdan a los distintos componentes de un circo de principios del s. XX. Estas diferencias físicas no hacen sino destacar la interpretación casi esperpéntica de los actores. Y añado este adjetivo no con el afán de criticar negativamente el modo de actuar de los actores sino todo lo contrario. El director ha decidido destacar este lado de Lorca más cercano a Valle-Inclán, estos personajes que se mueven, que actúan como fantoches, como monigotes hiperbolizados. Y es que parece que solo de esta manera, cuando el espectador se siente distanciado de lo que sobre las tablas se cuenta, es cuando tiene una mayor capacidad de escucha y reflexión sobre lo que contempla. Don Perlimplín, de este modo, no es solo un viejo verde sino que además es un débil ancianito; Marcolfa una grandota aunque adorable criada; la madre de Belisa, una estupenda lunática con cuerpo de señora respetable; y Belisa, una Lolita traída directamente de la película de Kubrick pero, todavía más, pasada de vueltas.

  Con todas esas herramientas nos hablan del amor pasional, de la confusión de este con el amor, de la traición, de la venganza, del honor, del deseo… Y, al final, como en cualquier texto de Lorca, nos hablan de la libertad, del ansia que tiene cada personaje por cumplir sus deseos y de las trabas que unos y otros, que la sociedad, o incluso el destino, impedirán que estos se realicen.

perlimplim

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