ESTUDIAR INTERPRETACIÓN EN LA ESCUELA DE TEATRO LA LAVANDERÍA

LA ESCUELA DE TEATRO LA LAVANDERÍA

(Entrevista realizada por Daniel Moreno, en la revista EL PATEO)

Desde que terminó sus estudios en la RESAD, Carmen López tuvo clara su vocación pedagógica y siempre ha estado dando clases. Ha conseguido con­cretar su proyecto de enseñanza de Interpretación con la creación de la Escuela de Teatro LA LAVANDERÍA. Instalada en una antigua clínica privada, mantiene el nombre de la primera sede, donde estuvieron dos años: La Lavandería. Empezaron con tres aulas y ahora tienen ocho.

La escuela imparte cursos regulares de teatro profesional (3 años) dirigidos a quie­nes quieren convertirse en actores o actrices y monográficos como Dirección de escena y Pedagogía Teatral, Dramaturgia, Teatro musical, Cursos de Teatro Clásico Españo, El actor cómico, etc.

También imparten cursos de iniciación al teatro, dirigi­dos a gente que le gusta el teatro como afición o quiere tomar un pri­mer contacto con esta actividad. Los niños y adolescentes, son una preocupación constante en su formación, ya que ellos serán los futuros espectadores. Los profesores, son Licenciados en la RESAD de Madrid, otros formados en la propia escuela y colaboradores profesionales de otras especialidades, con lo cual siguen una misma línea y centran sus objetivos en que el actor-actriz salgan debidamente preparado.

El plan de enseñanza no se circuns­cribe a ningún método concreto, sino que trabaja con varios. En el primer curso se combinan las ense­ñanzas de Stanislavski con un método propio que denominan Trabajo de imágenes, que se va desarrollando en el curso siguiente con la introducción de otras teorí­as de maestros como Artaud o Grotowski ó mas actuales como Alfredo Sanzol o Andrés Lima; más adelante se aden­tran en el verso, sobre todo del teatro clásico español, para termi­nar el tercer curso con el montaje fin de carrera. Se trata de enseñar que hay muchas maneras de lle­gar a lo mismo, que es la cons­trucción del personaje. El alumno saldrá de la escuela con toda la formación e información posible para poder elegir. Lo importante para Carmen es que a una escue­la vaya la gente por el tipo de pedagogía y cómo se imparte, el trato al alumnado y cómo se le indica por dónde debe ir; en ese sentido recela de la figura del maestro, aunque admira y agra­dece haber aprendido mucho de alguno. El modesto nombre de su escuela ya avisa de que nadie es más importante que otro, y la elección minuciosa y buena sinto­nía del profesorado es la mejor baza para una enseñanza de cali­dad.

Sin ningún tipo de ayuda oficial, LA LAVANDERÍA se financia con las cuotas de los alumnos y el esfuerzo y trabajo de todos. Es la escuela de los actores pobres, con las cuotas más bajas de todo Madrid. Reconoce Carmen la libertad que proporciona la con dición privada, pero avisa de la proliferación desmedida de escue­las de teatro que no imparten una formación adecuada y pide una mayor vigilancia por parte de la Comunidad para que termine la tomadura de pelo que supone para muchos alumnos gastar demasiado tiempo y dinero en academias de las que salen tan ignorantes como habían entrado. Exige para la pedagogía teatral un mínimo de preparación adecuada y algún tipo de certificación que garantice un control de la enseñan. Por la experiencia propia, admite que Madrid sigue siendo el sitio al que hay que venir a estudiar. Aproximadamente el 80% de sus alumnos vienen de fuera: de Canarias, de Andalucía, de Asturias, de todas partes. Eso demuestra que en otros sitios no hay escuelas o la formación no es buena. O que como es un asunto con poco control, hay mucho des­barajuste. Aún falta bastante para equipararse con las escuelas euro­peas, tanto que más de una vez ha tenido que aconsejar a algún alum­no que busque una preparación más profunda fuera de España. Ahora se están empezando a abrir las puertas al teatro musical, un género que afianza la formación de voz y cuerpo, pero que olvida la interpretación. Cuando alguien tiene inquietudes de otro tipo, es muy difícil encontrar aquí un lugar para desarrollarlas, hay que irse fuera.

El pateo lo dedica Carmen a la gente que va por libre en la vida. Le repatea que nos tomen tanto el pelo, empezando por el teatro y siguiendo por la televisión. Y sobre todo la falta de inquietudes por parte de los jóvenes, que son quie­nes más deberían tener y no hacen nada a pesar de lo mal que va todo.

Más particularmente, se sorprende de que no exista una asociación de escuelas de teatro, cosa que achaca al miedo a perder privilegios o libertad, una libertad que no ve buena, porque la enseñanza teatral es un asunto muy delicado y hay que tener cautela con la vida perso­nal de los futuros profesionales. En LA LAVANDERÍA se insiste en que esto es un juego, y el que mejor engaña es el mejor actor; como ya somos mayores, tenemos que aprender a jugar como cuando éra­mos niños. Hay muchas teorías, todas importantes, y el alumno debe tener un conocimiento amplio para poder elegir.

Es muy bonito ver que hay alguien que quiere dedicarse a esto como tú, que empezaste y te enseñaron, y deberíamos ser muy conscientes de la gran responsabilidad que se tiene en una escuela. El teatro, interpretar, es un acto de generosidad, un regalo que le hacemos al mundo. Gracias.

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